jueves, 10 de octubre de 2019

Pobres ¿què reciben del estado?

Pobres ¿què reciben del estado?

Pobres, los que menos ingresos reciben del estado




                            El antagonismo entre pobres que viven del Estado versus clase media y alta que paga impuestos para sostenerlos es tan simplista como equivocado. La verdadera dicotomía es entre gente que recibe arbitrariamente ingresos del Estado (la mayoría no pobres) y gente (de altos ingresos y pobres) que paga impuestos para sostener el desorden del Estado.



Entre las medidas tomadas por el gobierno para paliar los efectos inflacionarios de la crisis cambiaria se destaca la reducción al 0% de la alícuota del IVA aplicado a ciertos alimentos básicos (aceite, harina, pastas, arroz, conservas, pan, yerba, azúcar, huevos, leche y yogurt). La medida tuvo, en general, alta aceptación, fundamentalmente porque se valora la intención de aliviar la situación de los sectores más vulnerables.
Una visión diferente manifestó la mayoría de los gobernadores. El principal argumento es que reducir un impuesto coparticipable como el IVA en las actuales circunstancias pone en riesgo el normal funcionamiento del sector público provincial, que gestiona acciones que también son muy necesarias desde el punto de vista social. El planteo concluye con la amenaza de que, de no mediar acciones compensatorias, se pedirá la intervención de la Corte Suprema. Ante ello, la respuesta de los funcionarios nacionales fue resaltar la poca sensibilidad de los gobernadores ante la necesidad de la gente.
¿Son irreconciliables ambas posiciones? Para echar luz sobre este tema resulta útil analizar la información proveniente de la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares del INDEC. Según esta fuente se observa que:
  • El 30% de los hogares de menores ingresos (pobres) asigna 47% de su ingreso a alimentos, pero compra sólo el 26% de todos los alimentos que se venden en el país.
  • El 40% de los hogares de ingresos medios asigna 30% de sus ingresos a alimentos y consume el 38% de los alimentos.
  • El 30% de hogares de mayores ingresos asigna sólo el 20% de sus ingresos a alimentos, pero consume el 36% del total de los alimentos que se consumen.
Estos datos confirman que a menor nivel de ingresos del hogar, mayor es la proporción asignada a comprar alimentos. Pero como la brecha de ingresos es tan alta, quienes más alimentos consumen terminan siendo las familias de altos ingresos aun cuando asignan una menor porción de su presupuesto a este destino. Por eso, la mayor parte del esfuerzo fiscal de quitar el IVA a los alimentos es apropiado mayormente por familias de altos ingresos. A las familias pobres les llega sólo un cuarto de la reducción del IVA.
A esto hay que agregar que entre las familias pobres es más frecuente la adquisición de alimentos en almacenes que operan “en negro” y que, por lo tanto, no son sensibles al cambio del IVA. En cambio, las familias de altos ingreso son más propensas a comprar en supermercados que son los más presionados por el gobierno a cumplir con la baja de precios asociada a la reducción del impuesto. La misma Encuesta Nacional de Gasto muestra que sólo el 20% de las ventas de los supermercados es a familias pobres, mientras que el 43% es a familias que están en el 30% de los hogares de mayores ingresos.
Un instrumento más eficiente y justo, que además permitiría responder al pedido de los gobernadores, es restablecer la devolución del IVA a las familias pobres cuando pagan con tarjetas de débito. Hasta el año pasado se devolvía parte del IVA a jubilados con haberes mínimos, beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, del plan Progresar y el servicio doméstico. Con un costo fiscal acotado se podría ampliar el padrón de beneficiarios procurando llegar a todas las familias vulnerables y extender la eximición a todos los alimentos, no solo al acotado listado que dispuso el gobierno. Simplemente apelando a este instrumento, que ya está probado que funciona, se podría lograr mayor impacto social y menor pérdida de recaudación evitando el conflicto con las provincias.
                        No menos importante son las consecuencias sobre la evasión. La devolución del IVA para las compras con tarjeta contribuye a fomentar la cultura del pago bancario entre las familias más humildes. Tender a eliminar el pago en efectivo, como ya ocurre en algunos países, es una herramienta muy potente para reducir la informalidad. En la misma línea opera la simplificación de los impuestos. Aplicar el IVA con una multiplicidad de alícuotas facilita la evasión; además de generar otros efectos distorsivos como la posibilidad de que algunos contribuyentes sistemáticamente tengan saldos a favor. Chile recauda mucho más IVA que Argentina porque tiene un diseño más simple basado en una alícuota más baja, única y de aplicación masiva.
Un sistema integral para el cuidado de la primera infancia es esencial para salir de la pobreza
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                             La Asignación Universal por Hijo es la política de protección social que reúne los mayores consensos. Sin embargo, para que sea efectiva ella debe articularse con acciones institucionales que apunten al cuidado de la primera infancia. Por un lado, porque el combate a la pobreza requiere de la activación laboral de todos los integrantes de los hogares pobres en edad activa y, por otro lado, porque es fundamental mejorar la atención y la estimulación temprana de los niños en situación de vulnerabilidad. En el presente número de Empleo y Desarrollo Social se ofrecen algunas ideas para institucionalizar un sistema de cuidados para la primera infancia que beneficie en forma particular a las familias en situación de pobreza.
La pobreza afecta más a los niños y a los jóvenes que a la población adulta. La distribución de los ingresos muestra que los hogares más pobres tienden a estar compuestos por más niños y jóvenes, mientras que los hogares con mayores recursos tienen una baja proporción de niños a cargo. El análisis de las estructuras etarias de los hogares según su nivel socioeconómico delatan un intenso proceso de “infantilización de la pobreza”. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de fines del 2010, en el 30% de los hogares de menores ingresos vive el 58% de los menores de 18 años, pero sólo el 28% de los adultos entre 45 y 65 años. En contraposición, en el 30% de los hogares de mayores ingresos vive sólo el 10% de los menores de 18 y el 31% de los adultos entre 45 y 65 años.
La participación laboral femenina y el cuidado de los niños
La presencia de niños y jóvenes en un hogar demanda recursos y tiempo. Los niños no generan ingresos, pero su alimentación, cuidado, estimulación y educación requieren dedicación e inversión de los recursos familiares. Los hogares más numerosos y con baja capacidad de generación de ingresos (sea porque los miembros adultos tienen empleos precarios de bajas remuneraciones o debido a que hay adultos laboralmente inactivos) tienden a presentar bajos niveles de ingresos per capita, lo que se traduce en altas posibilidades de que las familias caigan en una situación de pobreza.
En los hogares más pobres las exigencias del cuidado de los niños terminan operando como factores que retroalimentan la pobreza. El Gráfico 2 muestra el porcentaje de hogares que cuentan con la colaboración de una persona de servicio doméstico o envían a sus hijos menores de 2 años a instituciones de cuidado infantil, según el nivel de ingreso del hogar. Mientras que en el 10% de los hogares de mayor nivel de ingreso un 28% dispone de la colaboración de un tercero para afrontar las tareas domésticas y un 14% envía sus niños a algún tipo de institución, en el 30% de los hogares más pobres el número de familias que cuenta con estas alternativas de cuidado es marginal. Esto implica que son los propios padres (generalmente la madre) y/o un pariente directo (generalmente la abuela o hija mayor) los que asumen las tareas de cuidado de los niños.
Cuando el niño cumple los 3 años, las alternativas institucionales y las brechas de oportunidades entre niveles socioeconómicos se expanden. A esas edades, el niño tiene edad apropiada para iniciar los primeros pasos en la educación inicial y preescolar. Esta etapa es muy importante para la formación futura de las personas. Por eso es muy relevante que mientras en el 10% de los hogares de mayores ingresos el 73% de los niños asiste a una institución de cuidados de la primera infancia, en el 30% de los hogares de menores ingresos sólo asiste un 40% (Gráfico 3).
La imposibilidad de las familias de menores ingresos de delegar parte del cuidado de los hijos menores de 5 años limita las capacidades de generación de ingresos del hogar. Las madres de este grupo -por estar más intensamente involucradas en el cuidado de los niños- encuentran mayores dificultades para participar en el mercado laboral. Sólo el 33% de las mujeres de los hogares de menor nivel de ingreso participa en el mercado laboral, mientras que en los hogares de más alto nivel de ingreso la participación laboral llega al 97% (Gráfico 4). Esto coincide con el hecho de que en estos hogares viven las familias que tienen una menor cantidad de niños, hay una alta prevalencia de servicio doméstico y con mayor frecuencia envían a sus niños a instituciones. Hay una alta asociación entre la posibilidad de delegar el cuidado de los niños, la participación laboral y la capacidad para la generación de ingresos familiares.
Tan importante como la participación laboral son las muy marcadas diferencias en la calidad de los empleos. En el 30% de los hogares más pobres 3 de cada 4 mujeres tiene un empleo informal, ya sea como asalariada no registrada, servicio doméstico o cuentapropista. Sólo una minoría (23%) se inserta en un empleo asalariado registrado. El panorama cambia radicalmente a medida que se sube en la escala de la distribución del ingreso, al punto que en el 10% de más altos ingresos un 68% es asalariada registrada (Gráfico 4).
Estas diferencias en la inserción laboral tienen importantes connotaciones de política pública. Las iniciativas legislativas que plantean obligar a las empresas que contratan mujeres a financiar y/o disponer de guarderías resultan contraproducentes. El grueso de las mujeres que más requiere contar con instituciones en las cuales puedan confiar parte de la formación inicial de sus hijos no trabaja y las pocas que consiguen un empleo lo hacen en la informalidad. En otras palabras, la mayoría no tienen empleadores o solo tiene empleadores precarios que no pueden cumplir con estos mandatos legislativos.
Desde el punto de vista del funcionamiento del mercado de trabajo, este tipo de iniciativas opera como un factor más de discriminación de la mujer. Esas regulaciones penalizan con un mayor costo laboral la contratación de mujeres, fundamentalmente mujeres pobres que tienen menores niveles de productividad y mayor cantidad de hijos. El resultado es previsible: menos probabilidades de que las mujeres pobres consigan un empleo asalariado registrado y cuenten con la posibilidad de brindar una mejor atención a sus hijos menores.
Consecuencias negativas de la falta de acceso a la educación inicial
Varios estudios a nivel internacional señalan que los niños que se incorporan a la educación primaria sin haber transitado por la educación inicial presentan mayores dificultades de aprendizaje. Esta desventaja es más grave aún si se considera que en los hogares de menores niveles de ingresos los niveles educativos de las madres son bajos, y que la calidad de la estimulación en la primera infancia depende, precisamente, de la educación de la madre. La falta de acceso a una institución de estimulación temprana y los bajos niveles educativos de la madre generan, para los niños de familias pobres, un entorno poco propicio cuyos impactos se reflejan en el posterior desempeño escolar.
Las familias pobres están entrampadas en un círculo de reproducción de la pobreza. A las madres pobres se les complica salir a trabajar por no poder delegar el cuidado del niño, renunciando a la posibilidad de generar ingresos adicionales. A su vez, sus bajos niveles de educación no colaboran a que la estimulación al niño sea adecuada. Sin ingresos suficientes, ni una estimulación temprana integral, el niño parte de una situación de desventaja para su futura vida productiva. De esta manera, se condiciona severamente su futuro, con altas probabilidades de que el niño reproduzca la situación de pobreza de la familia en la que nació.
Cómo se aborda el cuidado de la primera infancia en los países desarrollados
En general, en los países desarrollados existe una intensa preocupación por generar adecuadas alternativas institucionales formales de atención a la primera infancia. En algunos países, los sistemas de cuidados de la primera infancia son regulados por las autoridades educativas (Australia, Holanda, Suecia, Nueva Zelanda) y, en otros, por los organismos responsables de los asuntos sociales (Dinamarca, Finlandia, Francia). En varios, las soluciones son privadas tanto en el financiamiento como en la gestión (Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Holanda, Suiza, Reino Unido, EEUU), aunque en muchos casos estos gastos pueden ser detraídos del cálculo de impuestos que las familias deben pagar o son beneficios optativos provistos por las empresas. En la modalidad de financiamiento público y gestión pública-privada se destacan Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Francia y Bélgica.
El financiamiento público para el cuidado de los niños menores de 2 años en los países nórdicos demanda un importante esfuerzo fiscal. Varía entre el 0,5% y el 0,7% del PBI. A esto se suma el financiamiento público para el nivel preescolar, que cubre a niños entre 3 y 4 años, cuyo sostenimiento insume otros 0,2% a 0,5% del PBI. Entre ambos hacen que el gasto público para la atención de la primera infancia sea del orden del 1% del PBI. Para tener una idea de órdenes de magnitud, se trata de una masa de recursos pú- blicos similar a la que se requiere en Argentina para la Asignación Universal por Hijo.
La provisión de los servicios se hace básicamente a través de dos tipos de arreglos institucionales. Para la atención de los niños menores de 2 años operan los centros de atención de día (“nurseries”, “day care centres”, “crèches”, “playschools”). Se trata de instituciones públicas dependientes de los gobiernos municipales o instituciones privadas que brindan los servicios de manera gratuita, aunque a veces los padres pagan una tarifa subsidiada. Una innovación de interés dentro de esta modalidad son los centros de cuidados dirigidos por los padres, que son agrupaciones de padres unidos para generar una solución informal a la necesidad de socializar el cuidado de los niños, pero que actualmente son registrados y acreditados por las autoridades estatales como centros formales de atención de la niñez.
Para la atención de los niños entre 3 y 4 años operan instituciones preescolares. Generalmente se organizan como un área de servicios especializados dentro de las escuelas. Su función –además de cuidar– es preparar a los chicos para su entrada a la escuela primaria. El 50% de los contenidos son educativos y son supervisados por personal calificado. Pueden ser de jornada simple o jornada completa.
La cobertura de estos sistemas de financiamiento público y gestión público-privada es alta. Por ejemplo, en Dinamarca asiste el 66% de los niños menores de 2 años y el 95% de los de 3 y 4 años. En Suecia, Noruega, Bélgica y Francia concurre prácticamente la mitad de los niños menores de 2 años y más del 90% de los niños de 3 y 4 años. El promedio de horas que concurren en estos países es de 31 horas por semana (prácticamente 6 horas por día), lo que indica la alta prevalencia de la jornada completa.
Otro aspecto de interés en este tipo de sistemas –además de su aporte a la estimulación y la calidad educativa– es su contribución a la participación laboral de las mujeres con hijos. En el caso de Dinamarca y Suecia, las tasas de participación de las mujeres con hijos no difieren de las tasas femeninas generales en el estrato de edad de entre 25 y 49 años, lo que sugiere que el sistema tiene un alto impacto positivo en la participación laboral de la mujer con hijo. Además, estas tasas de participación femenina son de un nivel extremadamente alto y superan a las tasas de varones en edad de trabajar de la Argentina (73%). En el caso de Francia y Bélgica hay alguna reducción en la tasa de participación de las mujeres con hijos (del 77% al 65%).
Recomendaciones de política para la Argentina
La Argentina no cuenta con un sistema institucionalizado de cuidado a la primera infancia. Desde el Estado se ofrecen algunas acciones puntuales, esparcidas e informales. En general, las soluciones para el cuidado de la primera infancia son asumidas por cada familia dentro de sus posibilidades. Se contrata una persona de servicio doméstico para que cuide al niño en el hogar y/o, alternativa o completetariamente, se envía el niño a una guardería. La principal limitante –además de las restringidas y heterogéneas ofertas disponibles para cuidado de la primera infancia– es que los costos corren enteramente por cuenta de la familia. En algunos casos marginales algunas empresas grandes o el sector público brindan servicios de guardería para sus empleados, pero su alcance es muy limitado y, en general, favorece a las familias de ingresos medios o altos.
Sin perjuicio de estas carencias y limitaciones, desde hace algunos años se han intensificado acciones orientadas hacia el cuidado de niños en la primera infancia como política pública para los pobres. Un paso significativo se dio en el marco de la crisis del año 2002, cuando una proporción importante de la ayuda social de emergencia se canalizó a través de comedores populares. La lógica subyacente fue cumplir con un doble objetivo de dar alimentos a los niños en situación de pobreza e indigencia y solicitar contraprestaciones de trabajo a los beneficiarios del Plan Jefes. Esto llevó a explicitar la importancia de generar instituciones de cuidados de primera infancia como política pública para la población vulnerable. Como el esquema de financiamiento de comedores populares consistía en canalizar recursos pú- blicos a comedores existentes –manejados por ONGs, referentes barriales, agrupaciones de padres en escuelas, iglesias, clubes, etc.- la derivación natural fue trasladar este esquema de financiamiento público a organizaciones privadas a los servicios de guardería.
De esta manera, se fue consolidando un modelo de gestión en el que las provincias y los municipios, con recursos propios, financian parte de los costos de guarderías de niños de hogares vulnerables, que la mayoría de las veces son gestionados por referentes sociales, los cuales operan fluidamente con las redes clientelares y acceden con mucha facilidad a los recursos públicos del asistencialismo. Para dar una imagen de modernización, se tendió a reemplazar el nombre “guarderías” por “centros de cuidados” y con los recursos públicos se financian el alquiler de los locales, la comida, la remuneración de quiénes trabajan en los centros o directamente subsidios sin asignación específica. En algunas localidades se registran algunos centros y se empiezan a exigir ciertas calificaciones de las personas que trabajan en ellos. Son avances que van en una dirección positiva, pero son esfuerzos individuales, no articulados y sin objetivos comunes.
Con estos antecedentes y considerando la experiencia de los países avanzados en materia de sistema de financiamiento pú- blico con gestión público-privada, la Argentina está en condiciones de avanzar con mayor decisión hacia la institucionalización de un sistema de cuidados de la primera infancia. El financiamiento está condicionado por la demorada reforma del régimen de coparticipación federal de impuestos, ya que mientras prevalezca la centralización de recursos fiscales, es inevitable que esté a cargo del gobierno nacional. Sin perjuicio de esto, la gestión del sistema debe estar a cargo de los gobiernos locales.
En principio, esta institucionalización incluiría las siguientes líneas estratégicas:
● Crear una red de centros de cuidados infantiles. De la situación actual –donde operan de manera poco sistemática centros de cuidados infantiles que trabajan con niños de población vulnerable a los que con fondos públicos se subsidian mejoras edilicias, insumos o remuneraciones– es fundamental dar un salto cualitativo que lleve a constituir una calificada red de oferta (pública y privada). Sería recomendable fijar reglas o estándares generales de aplicación provincial, que sean fiscalizados por los municipios. En el nivel municipal se podría contemplar la administración de un registro de instituciones habilitadas, previa verificación del cumplimiento de requisitos para funcionar (edilicios, cantidad y calificación de los recursos humanos, contenidos de los cuidados), y la evaluación permanente de resultados y calidad de los servicios.
El proceso de mejora de los centros existentes, para elevar su calidad, es un desafío de magnitudes porque las instituciones que trabajan con población vulnerable tienden a ser pequeños emprendimientos (individuales y comunitarios), informales, de muy escasos recursos y poca preparación para una tarea tan delicada. Por ello, los recursos estatales que se asignen para su fortalecimiento deben ser fondos públicos de inversión “ad hoc”, en una cantidad suficiente pero delimitada, en contraposición a los actuales “subsidios para mejoras” que son esporádicos, discrecionales y muchas veces insuficientes. Estos fondos deben asignarse a la adecuación edilicia y a la formación de los recursos humanos, y a una capacitación permanente con manuales de procedimientos. Desde el Estado se debe conformar un grupo de especialistas que se encargue del control, monitoreo y fortalecimiento permanente de los centros inscritos. El núcleo de atención de este grupo de especialistas serán los centros y no los beneficiarios.
En este registro también se debe poder inscribir instituciones privadas en funcionamiento que hoy no trabajan con el Estado, pero que pueden querer formar parte de la red e incluso las guarderías de las empresas grandes o del sector público que actualmente dan el servicio de cuidado de niños a sus empleados. De esta forma, se empieza a transitar el camino que hicieron los países desarrollados de formalizar las iniciativas informales y unir a todos los centros (nuevos formalizados, existentes, pú- blicos y privados) en un sistema con reglas de calidad supervisados por los municipios.
● Institucionalizar un sistema de Bonos de Primera Infancia. Cada familia en situación de vulnerabilidad debería recibir desde el Estado Provincial gratuitamente un bono con el cual pueda elegir el centro de cuidados infantiles que desee entre los inscritos en el registro. El bono sería mensual y la madre se lo entregaría al centro de su elección; el centro lo cobraría en oficinas del Estado Provincial. Con estos bonos, los centros financian su funcionamiento. El cambio más importante es que los centros dejan de recibir subsidios asistencialistas, otorgados de manera discrecional e incierta, y pasan a tener una fuente de financiamiento genuina y cierta en la medida que otorguen servicios de calidad que sean valorados por la población beneficiaria.
Para las familias de ingresos medios (que no se encuentran en estado de vulnerabilidad social) los bonos podrían ser parciales, de forma tal de cofinanciar el gasto necesario con recursos familiares y estatales y así optimizar el uso de los recursos públicos y lograr llegar a un mayor número de de familias. Para las familias pobres el bono sería gratuito, para las familias de ingresos medios serían subsidiados, y para las familias de altos ingresos debe existir la opción de participar en esta red comprando los bonos de su propio bolsillo, o bien, enviar sus hijos de manera particular a instituciones que no participen de la red.
En Argentina hay 3,5 millones de niños menores de 5 años. Suponiendo que el 58% vive en el 30% de los hogares más pobres, el número de niños a atender con los bonos de primera infancia sería 2 millones de niños. Si en promedio (puede haber ajustes por región) se le otorga un bono mensual por $600, que es un valor de mercado para los servicios de guarderías y salas de 3 y 4 años, el gasto público anual computando 10 meses (dado que 2 corresponderían al periodo vacacional) ascendería a $12.000 millones, si todos los niños de hogares pobres acceden a esta alternativa, lo que es poco probable dado que hasta en los países avanzados hay familias que, por motivos personales, no delegan el cuidado de sus niños pequeños a instituciones. A esto habría que sumar un subsidio promedio de $300 para el 30% de familias de ingresos medios, donde se suman un 25% más de niños menores de 5, requiriendo unos $2.500 millones más. De esta forma, los recursos necesarios ascenderían a aproximadamente $15.000 millones al año. Se trata de una inversión de magnitudes importantes, casi de 1% del PBI, pero de una enorme rentabilidad social, presente y futura.
El Gráfico 5 esquematiza el sistema integral propuesto. Los municipios se hacen cargo de la oferta y las provincias de la demanda. Sin perjuicio de que la provincia puede brindar asistencia técnica a los municipios en la tarea de controlar y fortalecer los centros, lo más importante es que las funciones estén separadas: la gestión de la red de centros por un lado (en el municipio) y la gestión de los subsidios a las familias pobres y de ingresos medios por el otro (en la provincia). Las familias eligen el centro de cuidados a la primera infancia que más les conviene dentro de la red pública-privada que está certificada.

martes, 2 de julio de 2019

Los franceses no quieren ningún Tratado con el Mercosur


Los franceses no quieren ningún Tratado con el Mercosur. Verdes, deforestación y pesticidas







                                          Sabemos que apenas firmada ¿?, la premisa del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur desató en la Repùblica Francesa un oleaje de críticas no siempre motivadas por el sentido común, la solidaridad con el Sur o de la defensa de las sociedades de los países del Mercosur.          
                                   Agricultores híper subvencionados y ecologistas han sido los primeros que saltaron sobre la firma y las espaldas del Presidente francés, Emmanuel Macron. Hay que ser claros y rigurosos: no están criticando el acuerdo por el daño que le hace a las economías del Mercosur o la liquidación de la soberanía sino por el daño que le hace ellos y, supuestamente, al planeta: los agricultores porque temen por las consecuencias económicas que un acuerdo semejante puede acarrear para su producción agrícola: los ecologistas porque impugnan principalmente la desforestación del Amazonas llevada a cabo desde hace décadas con la connivencia Occidental y demencialmente aumentada desde que el  extravagante presidente Bolsonaro llegó al poder.
                                    En su denuncia férrea, los verdes olvidan mencionar la complicidad de las empresas europeas y norteamericanas con esa desforestación, el uso intensivo de pesticidas y fertilizantes en la producción europea y las gigantescas subvenciones agrícolas de la Unión Europea que han sido siempre un instrumento de desequilibrio de los mercados en detrimento de los países productores del sur. Un informe del mes de abril de este año elaborado por la Organización Amazon Watch acusó a las empresas del Viejo Continente y de Estados Unidos de participar en la destrucción del Amazonas y, por consiguiente, de contribuir a la destrucción del equilibrio climático del planeta.
                                      Verdes y agricultores convergen ahora en un frente común contra el acuerdo. Los dos principales sindicatos de agricultores franceses, la importante FNSA y la Confederación Campesina, manifestaron su total repudio al pacto UE Mercosur. El portavoz de la Confederación Campesina, Nicolas Girod, dijo “tengo una reacción de asco”. Christian Lambert, Presidente de la FNSA, declaró que “la soberanía alimentaria, la de los territorios, los problemas climáticos han sido barridos en beneficio del comercio internacional y de un crecimiento sin riendas”. El Secretario general del mismo sindicato, Patrick Bénézit, afirma que “este acuerdo conduce a una situación de concurrencia desleal”. En términos de concurrencia y de lealtad, el dirigente agrícola francés no menciona las subvenciones agrícolas de la UE que mantienen la producción y los precios de los productos europeos bajo ¿respiración artificial?dentro de la PAC (Política Agrícola Común). Un informe de julio de este año publicado por la muy liberal OCDE (Organización para la Cooperación y el desarrollo económico) volvió a denunciar la honda “distorsión” de los mercados que acarrean esas subvenciones y recomendó que dichas ayudas fuesen reorientadas hacia la defensa del clima. La OCDE reveló, entre otras incorrecciones, que el 54% del respaldo otorgado a la agricultura se hace de tal forma que “mantienen los precios agrícolas artificialmente por encima de los niveles en vigor en los mercados internacionales”, lo que “perjudica a los consumidores”. Cerca del 80% de las ayudas oriundas de la PAC son, de hecho, transferencias directas hacia las ganancias de los agricultores. En Estados Unidos, la ayuda directa a los productores agrícolas llega al 80 por ciento. Utilizar la palabra “desleal” en este contexto es un disparate.

                                      Claro que a escala europea, la Copa Cogeca, principal sindicato agrícola de la Unión Europea, critica la “geometría variable” de la UE, la cual, sostiene, “amplia el foso entre lo que se les pide a los agricultores europeos y lo que se les tolera a los productores del Mercosur”. Lo que está en juego aquí son las normas sanitarias disímiles entre los dos bloques. La reacción ecologista ha sido igualmente virulenta. El ex Ministro de Ecología de Emmanuel Macron, Nicolas Hulot (es propietario de nueve vehículos…. ) fue uno de los primeros en partir en cruzada contra el convenio. En una entrevista publicada por el diario Le Monde, Hulot dijo que “este acuerdo es completamente antinómico con nuestras ambiciones asumidas, y sobre todo con la realidad de lo que es preciso hacer”. El ex Ministro de la transición ecológica alega que con esta firma “se exonera a los países importadores de los esfuerzos que se les pide a nuestros propios agricultores”. ( desde Latinoamèrica les podríamos decir, “eso no es cierto” A su vez, el eurodiputado ecologista Yannick Jadot, acusa a J.Bolsonaro de querer “masacrar el Amazonas” y de abrir más su país al “agronegocio”. El principal blanco de los ataques es el presidente brasileño Jair Bolsonaro, al que incrimina de “saquear el Amazonas”. Hay algo violento, falso y cínico en todo esto. Como ocurrió con los agricultores y su producción y sus tractores subvencionados, Hulot y los ecologistas  dejan en el camino nombres como los de las francesas Guillemette & Cie, el  Groupe Rougier, o la alemana Acai GmbH, todas implicadas en negocios agrícolas con Brasil dependientes directamente de la destrucción del Amazonas. Ni una palabra tampoco sobre bancos como BNP Paribas que tienen cuantiosas inversiones en multinacionales que trafican con las materias primas: ADM,  Bunge, Cargill, Louis Dreyfus. Estos cuatro mastodontes le venden a Europa soja brasileña, y hasta se la compran a productores bajo embargo por haber despojado zonas protegidas. BNP-Paribas, JP Morgan y Barclays son los organismos financieros que más han invertido en las cuatro multinacionales mencionadas. El informe de Amazon Watch “Complicity in destruction II” está ampliamente documentado y es indispensable para comprender que una cosa son las criticas legitimas que se le pueden hacer al acuerdo en gestación entre el Mercosur y la Unión Europea,  y otra muy distinta la defensa de intereses corporativos en nombre de la sanidad agrícola o el medio ambiente.
                                   Pero veamos ¿quièn ha pensado en las industrias, los servicios, los mercados públicos, la química o las farmacéuticas del Mercosur que se verán ciertamente arrasadas con la llegada de los europeos?. Pero el camino de la firma final será largo y seguramente espinoso. El acuerdo debe ser traducido en texto jurídico antes de que sea remitido para su aprobación por los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Después deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales. Claro, los Congresos de los países miembros del Mercosur espera algo mas que terreno espinoso…

Unión Europea-Mercosur y un pacto con pésimo olor electoral


¿Acuerdo para liberar mercados y compras públicas a empresas europeas? o “salgamos del paso en octubre”
Del Pacto Roca-Runciman a los Jorge Faurie, Dante Sica Horacio Reyser y Luis Etchebehere




                                 El bajito canciller ¿un poco pretensioso el diploma para el hombre que fingió llorar con Macri, no?  Fauriè lo celebró como "un acuerdo histórico", con la voz entrecortada por el llanto, aunque aún faltan negociaciones que tomarán varios años. Ventajas parciales para bienes agrícolas, alto riesgo para sectores industriales.

                         El acuerdo de asociación estratégica que suscribieron¿?, -hay dudas sobre un paper final- en Bruselas las autoridades del Mercosur y la Unión Europea abrirá el mercado regional sudamericano a los productos industriales del viejo continente, a cambio del acceso cuotificado, y cumpliendo severas restricciones sanitarias, de productos agrícolas o agroindustriales sudamericanos.
                       Entonces, básicamente, de eso se trata el intercambio que habilitará, cuando quede perfeccionado, el tratado comercial que el gobierno argentino presentó como una conquista "histórica" y "pilar clave de la transformación productiva nacional".  Más allá del secretismo con el que se manejó toda la negociación, que –a una semana- todavía impide conocer en detalle lo acordado, son pocos y en sectores muy específicos los que esperan que, de esta apertura comercial, resultarán beneficios para el país. Por el contrario, son más los que aún esperan en que habrá una reacción política en contra --principalmente en el Congreso- que frene un acuerdo que pondría una lápida definitiva sobre gran parte de la industria, particularmente en sectores con mayor valor agregado y de manufacturas de media o alta tecnología. 

                             El acuerdo no sólo implicarìa una apertura comercial desigual de mercados para bienes industriales europeos. También representa abrir las licitaciones de compras públicas a la participación de empresas de la UE, extender plazos de protección del derecho de patentes (particularmente en agroquímicos y medicamentos) a corporaciones de ese mismo origen, otorgarle la libre circulación en mares y ríos internos del Mercosur a la flota europea, y el reconocimiento de exclusividad del uso de denominaciones de productos con indicaciones geográficas (por ejemplo, muzzarella, regganito o parmesano en la denominación de los quesos). El acuerdo se presenta como supuestamente "balanceado" porque a las firmas argentinas se le abren similares condiciones en la Unión Europea, pero ocurre que es escasa o nula la capacidad de las firmas argentinas, en particular, que tengan patentes, flota fluvial o productos con indicación geográfica (salvo el cordero patagónico, quizás) que pueda sacar provecho de la referida apertura. El plano de la negociación parece demasiado inclinado.

                El supuesto acuerdo alcanzado y anunciado este fin de semana, con la urgencia de Argentina y Brasil por poder presentarlo como "una conquista" para sus complicados frentes internos, y la pulseada en la UE entre quienes se oponían (con Francia a la cabeza) y quienes lo impulsaban (con España como baluarte), no tiene una letra definitiva. Es decir, no es el texto que irá a los respectivos congresos para buscar su ratificación (los de los cuatro miembros del Mercosur, por separado, y el Parlamento Europeo).

                          La Cancillería argentina presentó el acuerdo alcanzado con la Unión Europea como una gran conquista después de más de veinte años de negociaciones infructuosas. Asegura, al repasar los beneficios de "accesos a mercados", que:

* Europa "liberaliza cerca del 100 por ciento de su comercio, el Mercosur lo hace en un 90 por ciento".
* La UE ofrece la liberalización completa e inmediata de aranceles para el 80 por ciento de las exportaciones del Mercosur de productos industriales.
* El Mercosur obtiene plazos amplios de hasta 15 años para liberalizar sectores sensibles en forma gradual.
* El acuerdo favorece el comercio intraindustrial al reducir los aranceles para insumos y bienes de capital.
 Para los dirigentes de sectores industriales y para el sindicalismo argentino, no son beneficios sino altísimo riesgo para las empresas argentinas de perder posiciones frente a la competencia europea, con escasa o nula posibilidad de acceder a los mercados europeos a cambio. Los documentos europeos, en tanto, reflejaron el acuerdo marcando justamente lo contrario, señalando además aspectos fuera del comercio de bienes sobre los que la Cancillería argentina no informó. De ese modo, en Europa destacan:
* El acuerdo UE-Mercosur eliminará la mayor parte de los aranceles a las exportaciones europeas al mercado suramericano y hará a las empresas comunitarias más competitivas al ahorrarles 4.000 millones de euros en derechos de aduanas al año.
* Abrirá nuevas oportunidades en el Mercosur para las empresas europeas que participan en licitaciones públicas de los gobiernos o que proveen servicios informáticos, de telecomunicaciones o transportes, entre otros.
                                          Claro que tampoco está claro cuál será el balance neto de inversiones extranjeras como resultado del acuerdo. El gobierno argentino, por ejemplo, confía en que la apertura a la participación de empresas europeas en las compras públicas, la libre circulación de flotas de ese origen por las vías fluviales internas y en la oferta de servicios, promoverá la instalación de firmas del viejo continente en el Mercosur. Algunos especialistas sugieren, sin embargo, tomar en cuenta el número de empresas extranjeras que levantarían sus filiales en el país cuando consideren que les será más conveniente proveer a los mercados locales  desde el exterior. Se señala que eso es lo que sucederá, por ejemplo, en varias firmas del complejo automotor.

viernes, 14 de junio de 2019

Denuncia penal a Macri por un pago a Autopistas del Sol
Un “despojo” por 500 palos verdes
Diputados del FpV denunciaron como un despojo al Estado el arreglo en favor de la concesionaria del Acceso Norte, Autopistas del Sol.
Rodolfo Tailhade, junto a otros tres diputados nacionales del FpV, denunció penalmente al presidente de la Nación y a dos de sus funcionarios por delitos e irregularidades advertidos en el proceso de renegociación integral del contrato de concesión en favor de la empresa Ausol SA. Esta última, concesionaria del Acceso Norte, histórica empresa del grupo Macri, estaba al momento de los hechos denunciados bajo control de la española Abertis, en aquel momento presidida por el titular del Real Madrid, Florentino Pérez. Según relata la denuncia, tres días antes de que Mauricio Macri asumiera la presidencia de la Nación, Ausol simuló una demanda contra el Estado Nacional ante el Ciadi por más de 1100 millones de dólares por supuestos atrasos tarifarios. El propósito, señalan los denunciantes, habría sido forzar una renegociación del contrato que derivó en un arreglo, sin que mediara dictamen, auditoría o informe económico financiero sobre la operación de Ausol por parte de las autoridades, para el pago de 499 millones de dólares a la demandada





La denuncia presentada por Tailhade, Adrián Grana, Carlos Castagneto y Leopoldo Moreau sostiene que el mencionado “arreglo constituye un despojo al patrimonio público que debe ser investigado por la justicia penal”. Ni el Administrador General de Vialidad Nacional desde diciembre de 2015 hasta junio de 2018, Javier Iguacel, ni el ministro de Transporte desde diciembre de 2015 hasta la fecha, Guillermo Dietrich, ordenaron la más mínima medida en defensa del Estado Nacional para contrarrestar las pretensiones de Ausol, presentadas a través de su controlante Abertis ante el Ciadi. “La demanda sólo buscaba la justificación para disparar la renegociación del contrato de concesión, cuya finalización operaba en 2020”, puntualizan los denunciantes. 



No fueron shocks externos: Argentina, el segundo país del mundo con mayor caída del PBI en 2018
Según la estimación del FMI la economía caerá 2,6%. Sólo le "gana" Venezuela, que se desplomará un 18%. El contexto internacional negativo no pareciera tener el peso que el Gobierno le adjudica en medio de un mundo que crece 
La Argentina tiene el triste honor de ocupar puestos de liderazgo en dos tablas en las que a ningún país le gustaría figurar: está quinto en 2018 entre las naciones de más inflación, pero además figura entre los primeros puestos entre las economías que más caerán en 2018. En la región, el derrumbe de 2,6% del PBI que estimó ayer el FMI sólo es superado por una destruída Venezuela, que sufrirá una contracción récord del 18%. Los otros países que figuran entre Venezuela y la Argentina son bastante menor envergadura en el contexto global, tanto política como económica: Dominica, Guinea Ecuatorial, Nicaragua y Sudán del Sur.

El argumento de los ‘shocks externos’ para explicar la recesión de la economía argentina es sólo un relato


En la tabla de 65 países que divulgó el Fondo entre mercados desarrollados y emergentes, se desprende claramente que el argumento de los "shocks externos" para explicar la recesión de la economía argentina es sólo un relato. Ningún otro país, ni emergente ni desarrollado, sufre semejante golpe en su actividad. Es más, todos tendrán un 2018 con crecimiento y en la mayoría de los casos será incluso
mayor al pronóstico que había efectuado el propio FMI hace seis meses.
Ni siquiera Turquía dejará de crecer este año. Esto a pesar del fuerte golpe que sufrió en agosto y que terminó impactando en otros mercados como le pasó a los activos argentinos. La economía turca terminará el año creciendo 3,5%, aunque es casi un punto menos de lo que el FMI había estimado anteriormente.
El impacto por la salida de capitales emergentes a mercados desarrollados -en especial a Estados Unidos por la suba de las tasas de interés- no tuvo, evidentemente, el mismo impacto en todos lados. O, puesto de otra manera, los inversores supieron diferenciar entre las distintas economías. Así, mientras que la Argentina pasó de crecer a un ritmo de casi 4% en el primer trimestre del año a una caída que superará el 2,5%, al tiempo que proyecta la prolongación de la recesión, ya que en 2019 caería otro 1,6%.