martes, 2 de julio de 2019

Los franceses no quieren ningún Tratado con el Mercosur


Los franceses no quieren ningún Tratado con el Mercosur. Verdes, deforestación y pesticidas







                                          Sabemos que apenas firmada ¿?, la premisa del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur desató en la Repùblica Francesa un oleaje de críticas no siempre motivadas por el sentido común, la solidaridad con el Sur o de la defensa de las sociedades de los países del Mercosur.          
                                   Agricultores híper subvencionados y ecologistas han sido los primeros que saltaron sobre la firma y las espaldas del Presidente francés, Emmanuel Macron. Hay que ser claros y rigurosos: no están criticando el acuerdo por el daño que le hace a las economías del Mercosur o la liquidación de la soberanía sino por el daño que le hace ellos y, supuestamente, al planeta: los agricultores porque temen por las consecuencias económicas que un acuerdo semejante puede acarrear para su producción agrícola: los ecologistas porque impugnan principalmente la desforestación del Amazonas llevada a cabo desde hace décadas con la connivencia Occidental y demencialmente aumentada desde que el  extravagante presidente Bolsonaro llegó al poder.
                                    En su denuncia férrea, los verdes olvidan mencionar la complicidad de las empresas europeas y norteamericanas con esa desforestación, el uso intensivo de pesticidas y fertilizantes en la producción europea y las gigantescas subvenciones agrícolas de la Unión Europea que han sido siempre un instrumento de desequilibrio de los mercados en detrimento de los países productores del sur. Un informe del mes de abril de este año elaborado por la Organización Amazon Watch acusó a las empresas del Viejo Continente y de Estados Unidos de participar en la destrucción del Amazonas y, por consiguiente, de contribuir a la destrucción del equilibrio climático del planeta.
                                      Verdes y agricultores convergen ahora en un frente común contra el acuerdo. Los dos principales sindicatos de agricultores franceses, la importante FNSA y la Confederación Campesina, manifestaron su total repudio al pacto UE Mercosur. El portavoz de la Confederación Campesina, Nicolas Girod, dijo “tengo una reacción de asco”. Christian Lambert, Presidente de la FNSA, declaró que “la soberanía alimentaria, la de los territorios, los problemas climáticos han sido barridos en beneficio del comercio internacional y de un crecimiento sin riendas”. El Secretario general del mismo sindicato, Patrick Bénézit, afirma que “este acuerdo conduce a una situación de concurrencia desleal”. En términos de concurrencia y de lealtad, el dirigente agrícola francés no menciona las subvenciones agrícolas de la UE que mantienen la producción y los precios de los productos europeos bajo ¿respiración artificial?dentro de la PAC (Política Agrícola Común). Un informe de julio de este año publicado por la muy liberal OCDE (Organización para la Cooperación y el desarrollo económico) volvió a denunciar la honda “distorsión” de los mercados que acarrean esas subvenciones y recomendó que dichas ayudas fuesen reorientadas hacia la defensa del clima. La OCDE reveló, entre otras incorrecciones, que el 54% del respaldo otorgado a la agricultura se hace de tal forma que “mantienen los precios agrícolas artificialmente por encima de los niveles en vigor en los mercados internacionales”, lo que “perjudica a los consumidores”. Cerca del 80% de las ayudas oriundas de la PAC son, de hecho, transferencias directas hacia las ganancias de los agricultores. En Estados Unidos, la ayuda directa a los productores agrícolas llega al 80 por ciento. Utilizar la palabra “desleal” en este contexto es un disparate.

                                      Claro que a escala europea, la Copa Cogeca, principal sindicato agrícola de la Unión Europea, critica la “geometría variable” de la UE, la cual, sostiene, “amplia el foso entre lo que se les pide a los agricultores europeos y lo que se les tolera a los productores del Mercosur”. Lo que está en juego aquí son las normas sanitarias disímiles entre los dos bloques. La reacción ecologista ha sido igualmente virulenta. El ex Ministro de Ecología de Emmanuel Macron, Nicolas Hulot (es propietario de nueve vehículos…. ) fue uno de los primeros en partir en cruzada contra el convenio. En una entrevista publicada por el diario Le Monde, Hulot dijo que “este acuerdo es completamente antinómico con nuestras ambiciones asumidas, y sobre todo con la realidad de lo que es preciso hacer”. El ex Ministro de la transición ecológica alega que con esta firma “se exonera a los países importadores de los esfuerzos que se les pide a nuestros propios agricultores”. ( desde Latinoamèrica les podríamos decir, “eso no es cierto” A su vez, el eurodiputado ecologista Yannick Jadot, acusa a J.Bolsonaro de querer “masacrar el Amazonas” y de abrir más su país al “agronegocio”. El principal blanco de los ataques es el presidente brasileño Jair Bolsonaro, al que incrimina de “saquear el Amazonas”. Hay algo violento, falso y cínico en todo esto. Como ocurrió con los agricultores y su producción y sus tractores subvencionados, Hulot y los ecologistas  dejan en el camino nombres como los de las francesas Guillemette & Cie, el  Groupe Rougier, o la alemana Acai GmbH, todas implicadas en negocios agrícolas con Brasil dependientes directamente de la destrucción del Amazonas. Ni una palabra tampoco sobre bancos como BNP Paribas que tienen cuantiosas inversiones en multinacionales que trafican con las materias primas: ADM,  Bunge, Cargill, Louis Dreyfus. Estos cuatro mastodontes le venden a Europa soja brasileña, y hasta se la compran a productores bajo embargo por haber despojado zonas protegidas. BNP-Paribas, JP Morgan y Barclays son los organismos financieros que más han invertido en las cuatro multinacionales mencionadas. El informe de Amazon Watch “Complicity in destruction II” está ampliamente documentado y es indispensable para comprender que una cosa son las criticas legitimas que se le pueden hacer al acuerdo en gestación entre el Mercosur y la Unión Europea,  y otra muy distinta la defensa de intereses corporativos en nombre de la sanidad agrícola o el medio ambiente.
                                   Pero veamos ¿quièn ha pensado en las industrias, los servicios, los mercados públicos, la química o las farmacéuticas del Mercosur que se verán ciertamente arrasadas con la llegada de los europeos?. Pero el camino de la firma final será largo y seguramente espinoso. El acuerdo debe ser traducido en texto jurídico antes de que sea remitido para su aprobación por los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Después deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales. Claro, los Congresos de los países miembros del Mercosur espera algo mas que terreno espinoso…

Unión Europea-Mercosur y un pacto con pésimo olor electoral


¿Acuerdo para liberar mercados y compras públicas a empresas europeas? o “salgamos del paso en octubre”
Del Pacto Roca-Runciman a los Jorge Faurie, Dante Sica Horacio Reyser y Luis Etchebehere




                                 El bajito canciller ¿un poco pretensioso el diploma para el hombre que fingió llorar con Macri, no?  Fauriè lo celebró como "un acuerdo histórico", con la voz entrecortada por el llanto, aunque aún faltan negociaciones que tomarán varios años. Ventajas parciales para bienes agrícolas, alto riesgo para sectores industriales.

                         El acuerdo de asociación estratégica que suscribieron¿?, -hay dudas sobre un paper final- en Bruselas las autoridades del Mercosur y la Unión Europea abrirá el mercado regional sudamericano a los productos industriales del viejo continente, a cambio del acceso cuotificado, y cumpliendo severas restricciones sanitarias, de productos agrícolas o agroindustriales sudamericanos.
                       Entonces, básicamente, de eso se trata el intercambio que habilitará, cuando quede perfeccionado, el tratado comercial que el gobierno argentino presentó como una conquista "histórica" y "pilar clave de la transformación productiva nacional".  Más allá del secretismo con el que se manejó toda la negociación, que –a una semana- todavía impide conocer en detalle lo acordado, son pocos y en sectores muy específicos los que esperan que, de esta apertura comercial, resultarán beneficios para el país. Por el contrario, son más los que aún esperan en que habrá una reacción política en contra --principalmente en el Congreso- que frene un acuerdo que pondría una lápida definitiva sobre gran parte de la industria, particularmente en sectores con mayor valor agregado y de manufacturas de media o alta tecnología. 

                             El acuerdo no sólo implicarìa una apertura comercial desigual de mercados para bienes industriales europeos. También representa abrir las licitaciones de compras públicas a la participación de empresas de la UE, extender plazos de protección del derecho de patentes (particularmente en agroquímicos y medicamentos) a corporaciones de ese mismo origen, otorgarle la libre circulación en mares y ríos internos del Mercosur a la flota europea, y el reconocimiento de exclusividad del uso de denominaciones de productos con indicaciones geográficas (por ejemplo, muzzarella, regganito o parmesano en la denominación de los quesos). El acuerdo se presenta como supuestamente "balanceado" porque a las firmas argentinas se le abren similares condiciones en la Unión Europea, pero ocurre que es escasa o nula la capacidad de las firmas argentinas, en particular, que tengan patentes, flota fluvial o productos con indicación geográfica (salvo el cordero patagónico, quizás) que pueda sacar provecho de la referida apertura. El plano de la negociación parece demasiado inclinado.

                El supuesto acuerdo alcanzado y anunciado este fin de semana, con la urgencia de Argentina y Brasil por poder presentarlo como "una conquista" para sus complicados frentes internos, y la pulseada en la UE entre quienes se oponían (con Francia a la cabeza) y quienes lo impulsaban (con España como baluarte), no tiene una letra definitiva. Es decir, no es el texto que irá a los respectivos congresos para buscar su ratificación (los de los cuatro miembros del Mercosur, por separado, y el Parlamento Europeo).

                          La Cancillería argentina presentó el acuerdo alcanzado con la Unión Europea como una gran conquista después de más de veinte años de negociaciones infructuosas. Asegura, al repasar los beneficios de "accesos a mercados", que:

* Europa "liberaliza cerca del 100 por ciento de su comercio, el Mercosur lo hace en un 90 por ciento".
* La UE ofrece la liberalización completa e inmediata de aranceles para el 80 por ciento de las exportaciones del Mercosur de productos industriales.
* El Mercosur obtiene plazos amplios de hasta 15 años para liberalizar sectores sensibles en forma gradual.
* El acuerdo favorece el comercio intraindustrial al reducir los aranceles para insumos y bienes de capital.
 Para los dirigentes de sectores industriales y para el sindicalismo argentino, no son beneficios sino altísimo riesgo para las empresas argentinas de perder posiciones frente a la competencia europea, con escasa o nula posibilidad de acceder a los mercados europeos a cambio. Los documentos europeos, en tanto, reflejaron el acuerdo marcando justamente lo contrario, señalando además aspectos fuera del comercio de bienes sobre los que la Cancillería argentina no informó. De ese modo, en Europa destacan:
* El acuerdo UE-Mercosur eliminará la mayor parte de los aranceles a las exportaciones europeas al mercado suramericano y hará a las empresas comunitarias más competitivas al ahorrarles 4.000 millones de euros en derechos de aduanas al año.
* Abrirá nuevas oportunidades en el Mercosur para las empresas europeas que participan en licitaciones públicas de los gobiernos o que proveen servicios informáticos, de telecomunicaciones o transportes, entre otros.
                                          Claro que tampoco está claro cuál será el balance neto de inversiones extranjeras como resultado del acuerdo. El gobierno argentino, por ejemplo, confía en que la apertura a la participación de empresas europeas en las compras públicas, la libre circulación de flotas de ese origen por las vías fluviales internas y en la oferta de servicios, promoverá la instalación de firmas del viejo continente en el Mercosur. Algunos especialistas sugieren, sin embargo, tomar en cuenta el número de empresas extranjeras que levantarían sus filiales en el país cuando consideren que les será más conveniente proveer a los mercados locales  desde el exterior. Se señala que eso es lo que sucederá, por ejemplo, en varias firmas del complejo automotor.